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domingo, 13 de enero de 2013

MEMORIA





Un viejo sabio chino ca­mi­na­ba por un campo de nieve cuan­do vio a una mujer llo­ran­do.

—¿Por qué llo­ras? —pre­gun­tó él.

—Por­que me acuer­do del pa­sa­do, de mi ju­ven­tud, de la be­lle­za que veía en el es­pe­jo, de los hom­bres que amé. Dios fue cruel con­mi­go por­que me dio me­mo­ria. Él sabía que yo re­cor­da­ría la pri­ma­ve­ra de mi vida, y que llo­ra­ría.

El sabio con­tem­pló el campo de nieve, con la mi­ra­da fija en un punto. En un de­ter­mi­na­do mo­men­to, la mujer paró de llo­rar.

—¿Qué estás mi­ran­do? —pre­gun­tó.

—Un campo de rosas —dijo el sabio—. Dios fue ge­ne­ro­so con­mi­go por­que me dio me­mo­ria. Él sabía que, en el in­vierno, yo siem­pre po­dría re­cor­dar la pri­ma­ve­ra y son­reír.


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