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sábado, 9 de marzo de 2013

EL AGUILA








Un buen hombre encontró un huevo abandonado y por su forma y tamaño dedujo que se trataba de un águila. Como no tenía donde protegerlo, la alternativa más simple fue cobijarlo en un improvisado nido de un gallinero.

Poco tiempo después, un águila nació y creció con una camada de gallinas. Toda su vida el águila hizo lo mismo que las gallinas del corral, ya que se creía semejante a ellas. Arañaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Cloqueaba y cacareaba. Y golpeaba sus alas para volar unos centímetros por el aire.

Los años pasaron y el águila fue envejeciendo. Un buen día contempló una magnífica ave surcando un cielo limpio de nubes. Volaba en graciosa majestuosidad en medio de poderosas corrientes de aire, casi sin batir sus fuertes alas doradas. La longeva águila miró hacia arriba con un profundo respeto.

¿Qué es eso? – preguntó

Eso es un águila – le contesto alguien del corral. Pertenece al cielo. Pero nosotras pertenecemos a la tierra porque somos gallinas.

Así fue que un águila vivió y murió como gallina porque eso es lo que ella pensaba que era.

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