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sábado, 30 de junio de 2012

EL BILLETE



Su situación no era en modo alguno envidiable. De hecho, Pedro pensaba que todo le salía mal. Ganaba una miseria teniendo que trabajar muchas horas, su novia lo acababa de dejar y sus perspectivas de futuro no parecían mejores. La empresa donde trabajaba iba de mal en peor y aunque varias veces había intentado cambiar de trabajo, nunca lo había conseguido. Solo, casi sin ningún amigo, pasaba las horas reprochándose su debilidad y amargándose por su mala suerte.

Un día, mientras volvía del trabajo, quiso la casualidad que se encontrase con un antigua amiga, Luisa, a quien hacía tiempo que no veía. Ella, al verle caminar tan abatido y con el rostro tan pesaroso, le invitó a tomar un café en un bar para poder conversar. Pedro, en su depresión, descargó en ella sus angustias… que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación… todo parecía estar mal en su vida.

Luisa lo escuchaba en silencio, mientras Pedro hablaba y hablaba.

Finalmente, cuando Pedro hubo concluido, Luisa introdujo la mano en su bolso, sacó un billete de 10.000 pesetas y dijo:

- ¿Pedro, quieres este billete?

Aunque un poco confundido, Pedro inmediatamente respondió:

- Claro que sí, Luisa…Son 10.000 pesetas. No puedo aceptarlas, pero claro que todo mundo las quiere.

Entonces Luisa tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta convertirlo en una pequeña bola. Mostrándole la estrujada pelotilla a Pedro, volvió a preguntarle:

- Y ahora ¿lo quieres igual?

- Luisa, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 10.000 pesetas. ¡Claro que las quiero!

Entonces Luisa desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con su pie para luego recogerlo sucio y manchado.

- ¿Lo sigues queriendo?

Pedro se quedó mirando a Luisa sin atinar con palabra alguna para contestarle, mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su corazón.

Luisa puso el arrugado billete sobre la mesa y con una sonrisa de complicidad agregó:

- Toma, guárdatelo para que lo recuerdes cuando te sientas mal y te hagas reproches. Pero recuerda que me debes un billete nuevo de 10.000 pesetas para poderlo usar con el próximo amigo que lo necesite.

Y dándole un beso en la mejilla, Luisa se levantó, alejándose hacia la puerta del bar.

Pedro volvió a mirar el arrugado billete, sonrió, lo guardó en su bolsillo y dotado de una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta.

A partir de aquel momento la vida de Pedro comenzó a cambiar, puesto que aquel día descubrió que el valor de las personas no viene dado por lo que nos acontece o lo que poseemos, sino por el valor interior de aquello que realmente somos.

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